El honor del capitán Lex
By: cristobalium
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En aquel barrio luminoso de bulevares, de calles rectas, de tranvías italianos con su zumbido peculiar, de cines de sesión contínua con su gran cartelón de Gary Cooper en “El honor del capitán Lex” en el Narváez. También se asentaba aquella casa pequeña de dos familias dando a un gran tejado de Uralita y ropa tendida. Alguien hablo de ese material de amianto como nocivo para la salud cuando, de ser cierto, y no lo pongo en duda, estaría contaminado hasta Rómulo, el gato de la vecina que no se hablaba con la plebe de la puerta contigua. Allí viviría un tiempo largo, durmiendo sobre las losas de un pequeño comedor que daba a las vistas de las naturales y tóxicas ondulaciones de uralita cubriendo el enorme garaje vecino como la carpa de un circo.
Todo me llamaba la atención de la ciudad, de aquel barrio, de los yanquis con uniforme que Vivian en Lope de Rueda, de doña Miiguela la de la tienda de comestibles que me regalaba caramelos . Y mas me llamó la atención la forma de hablar de un muchacho grande que con otros casi hombres hablaban y reían de una forma peculiar, culta, importante, que solo había escuchado en personajes del no-do en los matinales de ni pueblo. No era normal hablar con exquisitez , aun estando en el centro de Madrid.
Y los vería en alguna otra ocasión en los billares de Lope de Rueda con Doctor Castelo dándole al futbolín, ellos tan grandotes. No me fueron muy simpáticos.
Este personaje atiplado y cursilón, llegó a ser importante después de los tiempos. Su peculiar manera de hablar amena y , paradójicamente, cargante, delataba sus orígenes de buena crianza y estudios universitarios. Muy famoso, muy pinturero, muy importante escritor Sánchez Dragó que bien sabe de gatos madrileños
Le oí decir que fue miembro del partido comunista en la clandestinidad, ácrata por los cuatro costados y argumentos abundantemente floreados para convencer y aburrir a los gatos de las uralitas perniciosas de la vecina contigua.
Ahora que puedo reflexionar, me pregunto como es que en aquellos tiempos, los niños bien de derechas “se hacían comunistas porque era necesario”. Es evidente, y a la vista está, que la burguesía siempre propició los cambios sociales. Los de a pie contaron poco. Solo para la clá y alguna concejalía. Todos iguales, unos mas iguales que otros.
Transcurrido el tiempo, dejaron de serlo porque ya no era importante ir a Caramanchel, prisión a pasar una temporada. En Caramanchel estuve, en una época de mi vida, altruista y solidaria de corbea, dando clases de finanzas a los internos con inquietudes, magníficos algunos. Motivos que no entendí, me impidieron terminar el curso con aquellos muchachos. Mi ficha de “maestro” no aparecía para entrar en el centro, según aquel funcionario de gafitas redondas a lo Quevedo y aspecto de franciscano full . Cosas que ocurren y la mano que funciona invisible e incitadora por no se que inventos de los interesados.
Los niños de padres currantes, abejas productivas en las colmenas de sus papás, manos limpias y alma buena, dice la canción, esos eran fascistas (?), aunque ellos no tenían ni puta idea, según los predicados de estos listitos de la escala guapa de la sociedad gouche e “intelectual” conexa a la droite por debajo de la mesa. Todos los buenos del mundo, que solo viven en el mundo y para el mundo, tomando té con Pedro J.
